UNA VISITA AL CENTRO CANINO BULLDOG




Uno llega a ese portón rojo y realmente se siente perdido. No hay nada que indique que has llegado al lugar. Sin embargo, todo cambia cuando entras. De inmediato ves gente trabajando con perros y ahí mismo sientes que estás en tu salsa.

Lo primero que notarás, y que te hace sentir en casa, es la familia de Kevin saludándote con una amabilidad que se siente sincera. En cuanto a perros, estaban entrenando labradores y belgas en lo que parecía un trabajo de búsqueda. Una escena fantástica. Llevo años en esto y aun así nunca había tenido la oportunidad de preparar perros de trabajo. El Kong era una herramienta central en ese entrenamiento. Luego pasamos a ver a un pastor belga en una demostración. El show fue increíble, incluso con disparos incluidos. Vale decir que eran armas de fogueo. Ahí entendí la dureza y resiliencia de esos perros. Un perro común no soportaría ese nivel de presión. Son máquinas de trabajo, en todo el sentido.

Después de varias demostraciones llegó nuestro turno. Kevin se nos acercó, sacó los trajes y, como si fuéramos parte de su equipo, nos dijo que nos los pusiéramos. Éramos cinco, había tres trajes y, por decisión del grupo, se escogió quiénes empezaban. Kevin nos dio instrucciones claras y ahí sí, a lo que habíamos venido.

El momento en que quedas frente al perro es único. Las instrucciones que te dieron -esas que juras haber entendido- de pronto se vuelven vitales para tu supervivencia, y aun así las olvidas. Llevar el traje te da seguridad, porque sabes que la mordida no será fatal, pero ver a ese perro con los ojos puestos en ti, halando con toda su fuerza, esperando que lo suelten… es el punto exacto donde aparece la duda. Y no hay vuelta atrás. Te pones en posición. Sueltan al perro. Tienes segundos para recordar qué hacer. Y entonces un cohete con vida propia se te viene encima. La fuerza es tan brutal que es imposible no perder estabilidad. Ahora tienes un perro decidido a arrancarte el traje. Eres su premio y hará todo por no soltarlo. Tras un par de lanzamientos ya estás fatigado, adolorido y consciente de que quienes hacen esto a diario son de otra categoría. Yo, al quinto lanzamiento, ya estaba destruido. No me quiero imaginar la vida de un figurante en competencia. Todos hicimos el circuito. Los cinco quedamos liquidados con solo cuatro perros. Grandes perros, sin duda. No habíamos comido nada, así que hicimos una pausa para comer mientras hablábamos de la experiencia y criticábamos nuestras fallas. Antes de que se ocultara el sol grabamos un pódcast con Kevin Escola. Al inicio se notaba que era reservado -y lo entiendo, los reservados tenemos una historia para ser así-, pero mi idea era hacerlo sentir seguro, que entendiera que no íbamos a juzgarlo, sino a reconocer su trabajo. Su aporte a los deportes de mordida en Colombia es enorme. Él fue quien los abrió realmente para todos. Mi experiencia anterior en deportes en Bogotá no había sido la mejor. Por alguna razón, muchos practicantes son cerrados, egoístas y complican la participación. En cambio, en Centro Canino Bulldog te sientes en familia. Con su fraternidad, Kevin te facilita enamorarte de este deporte, o de alguno de los grandes deportes de mordida.

Una vez tomó confianza, se soltó. Y si la cámara no hubiera fallado, esa charla habría durado horas. Si quieren escucharlo, está en nuestro pódcast Deconstruyendo el perro. Salí iniciado. Necesito volver. Soy muy apasionado y me mueven estas experiencias. Los deportes de mordida entran directo en mis favoritos. Ojalá organice mi vida laboral para poder practicar esta rama del adiestramiento sin tantas frustraciones.


Gracias por leer hasta aquí.

Nos vemos en otra historia.



 

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